Negreros cargando esclavos en la costa de África occidental en el siglo XIX comprados con telas, fusiles, pólvora y aguardiente de uva catalán

Los barcos catalanes que llevaban aguardiente a África y esclavos a Cuba

En el siglo XIX, Cuba era la fábrica de azúcar del mundo. No por casualidad ni por ventaja climática sino porque detrás de cada zafra había decenas de miles de personas obligadas a trabajar sin salario, sin descanso y sin derechos.

Los ingenios cubanos -complejos agroindustriales donde se molía la caña, se refinaba el azúcar y se destilaban aguardientes- funcionaban con mano de obra esclavizada traída desde el África occidental.

España abolió la trata en 1820. Fue la última nación europea en hacerlo de verdad: Cuba no eliminó la esclavitud hasta 1886, cuando ya no quedaba ninguna otra colonia en el mundo occidental que la mantuviera, salvo Brasil.

Entre esas dos fechas, la isla recibió más de seiscientos mil africanos.

Los barcos que los transportaban no salían vacíos de los puertos peninsulares. Cargaban mercancías para negociar con los traficantes de las factorías africanas: telas, fusiles, pólvora. Y pipas de aguardiente de uva. No era la moneda principal de ese intercambio, pero formaba parte habitual del cargamento.

La corbeta Conchita, de la empresa barcelonesa Vidal, Mustich & Co., zarpó en diciembre de 1856 con ese tipo de carga rumbo a las costas de África. Allí descargó. Y embarcó personas.

Cataluña era entonces la principal región aguardentera de España. Sus alambiques cubrían el Camp de Tarragona, el Alt Camp y el Penedès. Reus era el centro del negocio: allí llegaban compradores de media Europa y de las colonias americanas.

En 1860, los puertos catalanes exportaban más de once millones de litros de destilado de uva, el ochenta y cinco por ciento de todo el aguardiente embarcado en el país. Cuba era su destino principal. Allí, ese aguardiente ocupaba un lugar preciso en la jerarquía colonial: la bebida del colono español, por encima del aguardiente de caña que los amos repartían entre los esclavizados al amanecer, antes del trabajo en el ingenio.

El dinero generado por esa economía regresó a Cataluña a lo largo del siglo XIX. Ferrocarriles, fábricas, bancos. Y los edificios nuevos de Barcelona.

Detrás de algunas de las fachadas más espectaculares del Eixample está el azúcar cubano, el trabajo esclavo y el aguardiente que, junto a otras mercancías, contribuyó a pagarlo en las costas de África.

El aguardiente catalán no explica la trata atlántica. Pero viajó dentro de los mismos circuitos, en los mismos barcos y en los mismos libros de contabilidad.


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Historias del vino — El negocio de la esclavitud: azúcar y aguardiente en la Cuba del siglo XIX

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