A mediados del siglo XIX, el viñedo europeo atravesaba una crisis importante. El oídio, un hongo de origen americano, estaba debilitando las cepas y afectando directamente a la calidad de los vinos. En concreto, las vides estaban perdiendo color, estructura y estabilidad. Y en una época en la que el aspecto visual del vino se asociaba directamente al valor de mercado, esta transformación suponía un problema de primer orden.
Una de las respuestas más originales fue la aportada por el viticultor francés Henri Bouschet, quien desarrolló una nueva variedad de uva: la Alicante Bouschet, resultado del cruce entre la Petit Bouschet y la Garnacha. Su rasgo diferencial era poco común: una uva con pulpa y piel intensamente pigmentadas, capaz de aportar color de forma natural al vino.
El nombre de la variedad no respondía, sin embargo, a su lugar de origen. En la Europa del siglo XIX, y especialmente en ámbitos comerciales centroeuropeos, la Garnacha era conocida como “Alicante”. Esta denominación hacía referencia al prestigio alcanzado por los vinos del Levante español a partir del siglo XVI. De este modo, la etiqueta Alicante Bouschet no describía una procedencia geográfica sino una asociación de calidad.
La nueva variedad llegó a España a finales del siglo XIX, en un momento clave para el sector vitivinícola. La plaga de la filoxera había destruido gran parte del viñedo europeo y obligaba a reconstruir el sistema productivo. En ese contexto, los viticultores buscaron cepas que ofrecieran rendimiento y adaptación a climas secos. Pero, sobre todo, lo que necesitaban eran uvas con capacidad para reforzar el color de los vinos. La Alicante Bouschet reunía todas esas condiciones.
Su implantación fue especialmente rápida en regiones orientadas a la exportación, como Castilla-La Mancha, Extremadura y la Comunidad Valenciana. Allí adoptó el nombre de Garnacha Tintorera y desempeñó durante décadas una función claramente técnica: mejorar el aspecto y la estabilidad de los vinos.
Con el cambio de siglo, esta variedad comenzó a reinterpretarse. La reducción de rendimientos y una mayor atención al viñedo permitieron descubrir su potencial.
Hoy, la Garnacha Tintorera no solo se mantiene como una de las variedades tintas con mayor crecimiento en España. Además, se ha consolidado como seña de identidad en zonas vitivinícolas de renombre como Almansa, en la provincia de Albacete, junto al Levante español.
Así, una uva creada en un laboratorio de Francia, terminó encontrando su hogar a escasos kilómetros de Alicante, el lugar que casualmente le dio su apelativo un siglo y medio antes.
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Alicante Bouschet o Garnacha Tintorera: una profecía cumplida
