Felipe V ataque melancolía y vino

Felipe V y el vino en la corte borbónica: medicina, ceremonia y melancolía

Felipe V, la melancolía y el vino en la corte española del siglo XVIII forman un episodio poco conocido de la historia de la monarquía hispánica. El primer Borbón que reinó en España mantuvo una relación peculiar con esta bebida: mientras en palacio el vino era un elemento central del ceremonial político, para el propio monarca su consumo estuvo ligado sobre todo a razones médicas.

Los testimonios de la época describen a Felipe V como un soberano de carácter profundamente melancólico. Durante determinadas fases de su vida atravesó periodos de aislamiento, pérdida de apetito y alteraciones del sueño. Los médicos de la corte atribuían estos episodios a lo que entonces se denominaba vapores, un diagnóstico propio de la medicina humoral que intentaba explicar estados de tristeza prolongada o debilidad del ánimo.

En la corte española de comienzos del siglo XVIII, el vino tenía una función mucho más amplia que la simple bebida de mesa. Formaba parte de un complejo sistema ceremonial heredado de la tradición de los Austrias. El servicio estaba organizado mediante oficios especializados —despenseros, coperos y sumilleres— y cada gesto respondía a un protocolo preciso. Antes de que el vino llegara a la copa del rey debía realizarse la salva, una prueba destinada a descartar cualquier intento de envenenamiento.

Este tipo de prácticas reflejaba la importancia simbólica de la mesa real. La alimentación del monarca no era un acto privado, sino una representación pública de su autoridad.

Sin embargo, la experiencia personal de Felipe V con el vino fue distinta. Las crónicas coinciden en que bebía poco. Cuando lo hacía, prefería ocasionalmente vinos de Borgoña, una inclinación relacionada con su juventud en Versalles bajo la influencia de su abuelo Luis XIV.

Más frecuente que el consumo recreativo era el uso terapéutico del vino. Los médicos de palacio recomendaban preparaciones destinadas a estimular el apetito o aliviar los estados melancólicos. Una de las más conocidas era el chaudeau, una bebida caliente elaborada con vino —generalmente de Málaga o de Jerez— mezclado con yemas de huevo, azúcar y especias.

Otra costumbre nocturna incluía el consumo de vino dulce procedente de Canarias, probablemente malvasía. Este tipo de bebidas aparecía asociado a la rutina de descanso del monarca y se acompañaba de pequeñas cantidades de pan tostado o dulces.

La vida cotidiana del rey tenía además un rasgo particular: durante algunos periodos Felipe V invirtió completamente su ritmo de vida y permanecía despierto durante la noche. Esto obligaba a que el servicio de la bodega real estuviera activo hasta altas horas de la madrugada.

En ese mismo ambiente nocturno se situó a partir de 1738 la presencia del célebre cantante Farinelli, cuya música acompañó durante años la vida del monarca.

Mientras tanto, la sociabilidad cortesana continuaba en torno a la mesa. La reina Isabel de Farnesio, mucho más activa en este ámbito, mostró una clara preferencia por los vinos procedentes de las regiones del Duero y del Mediterráneo.

La mesa de Felipe V refleja así una doble dimensión. Por un lado, el complejo ceremonial del vino heredado de la monarquía de los Austrias. Por otro, la vida personal de un rey cuya relación con esta bebida estuvo marcada menos por el placer que por su valor medicinal.


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Historias del vino – Felipe V, el vino contra la melancolía
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