César Martinell y las Catedrales del vino

La geometría sagrada de Cèsar Martinell: cooperativas, vino y arquitectura novecentista

Al término de la Gran Guerra Europea, en 1918, el viñedo del sur de Cataluña entró en una profunda crisis de sobreproducción.

En ese contexto surgió una arquitectura cooperativa singular, basada en la funcionalidad, la proporción y el orden, que hoy podemos etiquetar como «Catedrales del Vino» o geometría sagrada de Cèsar Martinell.

El colapso de la demanda exterior obligó a los viticultores a reorganizarse. Pequeños y medianos propietarios, sin grandes capitales pero con viñedos productivos y acceso al crédito, se agruparon en sindicatos agrícolas para negociar juntos y transformar el proceso de elaboración del vino.

Ese cambio exigía nuevas infraestructuras. La vinificación dispersa en lagares domésticos dejó paso a grandes bodegas cooperativas, capaces de centralizar la producción, mejorar la higiene y almacenar el vino durante más tiempo. La arquitectura se convirtió en una herramienta económica.

En ese escenario destacó Cèsar Martinell, arquitecto formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y con experiencia profesional junto a Antoni Gaudí. Martinell no fue elegido por prestigio, sino por su capacidad para proyectar rápido, ajustar costes y resolver edificios de gran escala.

Entre 1917 y 1923 diseñó 44 bodegas cooperativas. En ellas combinó lagares subterráneos, que estabilizaban la temperatura, con depósitos elevados de hormigón armado, pensados para facilitar la limpieza, la ventilación y el trabajo diario. Cada elemento respondía a una lógica geométrica y productiva.

La estructura se resolvía mediante arcos parabólicos de ladrillo, una solución resistente y económica que permitía cubrir grandes luces sin contrafuertes. Esta geometría, heredera del aprendizaje técnico en el entorno de Gaudí, dotaba a los edificios de una monumentalidad sobria y ordenada.

Inspiradas en la arquitectura monacal cisterciense, estas bodegas adoptaron plantas basilicales, naves transversales y torres de agua que recuerdan a campanarios. No eran templos religiosos, sino los nuevos edificios centrales del mundo rural, donde la geometría, la técnica y el vino se integraban en una arquitectura novecentista de carácter colectivo.


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Historias del vino – Cèsar Martinell y las catedrales del vino

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